¿HASTA CUANDO SEGUIR NEGOCIANDO EN VENEZUELA?

Mario Urbieta

Director Ejecutivo de MUNDER

Noruega es ese amigo buena onda que te separa cuando estás a punto de pelearte con alguien o lo estás haciendo, buen tipo, siempre sonriendo a quien le va bien en casi todo. Siempre es útil tener un Noruega en nuestra vida; ya trató de ayudar a Palestina e Israel (Acuerdos de Oslo, 1993) y ahora ofreció su casa y neutralidad para acercar a dos sectores hasta ahora aparentemente irreconciliables. Noruega no reconoce a Guaidó como presiente encargado / interino a diferencia de otros países de Europa, lo que crea un ambiente propicio para el acercamiento de los hombres de Maduro.

Dicen que los que estudiamos disciplinas sociales no sabemos sumar, por suerte, los acuerdos de Oslo se dieron en las mismas fechas que nací: por lo que puedo afirmar que hoy tienen 25, por cumplir 26 años.

Poco para una persona, aunque la gente de mi edad se siente cada vez más vieja. Pero muchísimo para un acuerdo que se esperaba fructifique unos años después de haberse iniciado, se imaginan que los acuerdos de Noruega entre Maduro y Guaidó duren 25 años? Te imaginás lo que cambiaría el mundo para el 2045. Espero que por fin tengamos los skaters voladores de “Volver al Futuro”, pero también que la situación en Venezuela sea una de paz para todos.

Lo malo es que el escepticismo parece crecer en ambos lados, el sector de Guaidó es relativamente novato negociando en un terreno neutral, aunque es el mejor al que puede aspirar ahora, dado que cuenta con el apoyo de casi toda Europa, Cuba, Rusia y gran parte de Latino américa, por lo que podemos hablar de cierta pluralidad y legitimidad. No se me ocurre ningún tipo de escenario mejor para una conversación tan compleja.

Actores del sector de Guaidó no están de acuerdo con la situación, otros a pesar de tener opiniones diferentes apuestan por seguir con las iniciativas del líder para no debilitar esa posición (que es a mi parecer el enfoque más acertado, maduro e inteligente en este contexto). Las críticas vienen principalmente del lado de que no es realmente una negociación, sino una estrategia para consumir tiempo y dividir la oposición, cierto o no lo segundo parece estar cumpliéndose. Y además, de las causas penales desde el Poder Judicial en el exilio que pesan sobre Maduro.

Desde la perspectiva de este sector, considerando lo anterior, negociar con hombres de Maduro como actualmente se desarrolla es legitimar su posición como líder y no ubicar lo como el usurpador y criminal que es según los actores mencionados. Es necesario considerar que gran parte del sector de Guaidó no considera otra solución que la salida de Maduro.

“Las partes han mostrado su disposición de avanzar en la búsqueda de una solución acordada y constitucional para el país, que incluye los temas políticos, económicos y electorales”, comentó el gobierno Noruego en un comunicado reciente.

Por otro lado, las acusaciones de Maduro hacia el sector de Guaidó giran en torno a las clásicas ideas de injerencia, ilegitimidad y la poco debatible afirmación de que no tienen manejo de la fuerza pública en Venezuela, como se esperaba a estas alturas del año.

Además de ello, hay que sumar el llamado a elecciones a la Asamblea Nacional, órgano hoy manejado por sus detractores. Lo que hace es generar un hecho político, un norte para la organización de sus filas agrupadas fundamentalmente en el PSUV. Aunque es predecible la ínfima legitimidad que tendría esta hipotética nueva asamblea electa y probablemente, el agravamiento de la situación de reconocimiento por parte de otros países.

Como nos preguntábamos al principio; ¿Hasta cuándo hace falta seguir negociando? ¿Hasta donde es necesario ceder? No olvidemos que a inicios de año, cuando se barajaba la posibilidad de intervención armada (idea con la que estoy en radical oposición) algunos países sostenían la necesidad del diálogo, como Uruguay o México, en su momento fueron tratados de tibios o cómplices de Maduro, hoy es el propio Guaidó el que manda a sus hombres a hacerlo. El joven ingeniero líder de la Asamblea ve bastantes esperanzas en las negociaciones escandinavas. ¿Está cediendo? Sí, en parte, y es necesario.

La pregunta es hasta cuanto podría ceder Maduro, además de salir del gobierno; qué puede ceder? ¿Garantizar elecciones libres y no participar de ellas? ¿Ceder carteras del gobierno y embajadas a la oposición? También existe la cuestión humana, Maduro no quiere terminar con el traje naranjado en Guantánamo o peor, “accidentado”, se baraja bastante la posibilidad de un exilio de oro en Cuba donde va a ser siempre bien recibido con su gente. Las posibilidades son muchas si hay volutad. Soy partidario de el diáologo, pero implica una enorme cuota de cesión, hasta ahora practicamente inexistente.

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