¿Es el comercio la clave de la paz?

Por Leonardo Baruja

Abogado y Notario Público por la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. Director Ejecutivo de Baruja Bufete

Se define a la globalización como la integración de las economías de las naciones, y es un hecho innegable que ella ha permitido que millones de personas salgan de la pobreza al unirse a los mercados globales. Aquellas naciones que han aprovechado el comercio a través de las fronteras han notado una mejoría cualitativa y cuantitativa de sus economías.

Pero, la consecuencia más importante del proceso ha sido la integración de las naciones en organismos de cooperación y a través de acuerdos bilaterales que han traído paz al orbe. Más innegable aun es la interdependencia que ha resultado del proceso de integración.

Tal interdependencia es el resultado del convencimiento de que el comercio es el mejor aliado en la búsqueda de la prosperidad y ha funcionado para la mayoría de las naciones. Por ende, cualquier acción de menosprecio de sus propiedades positivas puede resultar bastante peligroso. En el contexto de las guerras comerciales que se plantean en la actualidad, las naciones deben entender que en situaciones de proteccionismo todos pierden.

Al tratar de ganar en el juego del comercio internacional no se hace más que restar integración, con la consiguiente pérdida de cooperación y lo que ello supone para el equilibrio y la seguridad globales. Se debe comprender que cualquier medida proteccionista tendrá su represalia en las demás naciones, lo que contribuye a la reducción del comercio internacional. Y, tratar de establecer la supremacía de una nación en el orden internacional ya no es propio del siglo en que vivimos, en un mundo multipolar, donde la hegemonía de los actores del pasado no tiene cabida, dada la diversidad de los gobiernos que reclaman protagonismo como un medio de elevar los niveles de vida de sus habitantes.

Son estas naciones las que claman por el rediseño de los organismos de cooperación internacional, de aquellos que fueron diseñados en la posguerra de 1945 y que no reflejan la dinámica de las pujantes economías que van adquiriendo protagonismo en el comercio mundial. Y saben estas naciones, que si sus reclamos no son escuchados, bien pueden dedicarse a la integración en organismos regionales que les otorguen el liderazgo comercial y el crecimiento económico anhelados. Y es éste el riesgo más notorio al que nos enfrentamos, puesto que la globalización ha traído tambień problemas globales, que requieren soluciones globales. Temas controversiales como el calentamiento global, el terrorismo internacional o el tráfico de estupefacientes deben abordarse desde una perspectiva mundial.

Tratar de regionalizarse y apartarse de la cooperación global difícilmente proporcione resultados a estos desafíos y eso sí, redundará en un mundo de menor cooperación y mayor incertidumbre.

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